
Los rayos del sol acarician su piel, se cuelan, esquivos, por la cortina.
Las brumas del sueño pegadas aún en sus pestañas.
Ella, sin abrir los ojos, gira sobre sí misma, sintiendo el cosquilleo
de las sábanas enredándose en sus rodillas.
Y todo su alrededor huele a él. La abruma, la envuelve. Le hincha el corazón.
Huele a miradas silenciosas, a besos furtivos y a risas cómplices.
A él dibujando sinsentidos con el dedo índice sobre su espalda.
Y el roce casi fugaz de unos labios sobre su sien.
"¿Ya despertaste, bonita?"
Sonríe, porque cuando oye su voz no puede evitar el movimiento de sus labios.
Ella querría responder, pero no puede.
Sólo es capaz de acurrucarse más contra él, escondiendo su cabeza contra su cuello.
Sintiéndose segura entre los brazos que la rodean.
Le gustan los días junto a él porque puede detener el incansable tic-tac del reloj.
Y es que esto es tan simple, que ella va a sonreír hasta dónde les lleve el tiempo.
- [Nunca me contaste que las noches podían tener tanta m.a.g.i.a]