
- Algún día vas a arrepentirte de sacarme la lengua. - me miras serio e intentas sonar amenazador, pero en tus ojos brilla la risa.
- Oh, ¿sí? ¿Y qué piensas hacerme? - me río y te vuelvo a sacar la lengua, como si tuviese cinco años, me quedo así varios segundos, desafiándote.
- Te la voy a m.o.r.d.e.r.
- ¿A morder? ¡No, por favor, qué cruel! - resoplas, porque te hablo en ese tonillo sarcástico que tan poco te gusta. Pero a mí me encanta hacerte rabiar, y sé que tú también disfrutas haciéndome enfadar.
En dos pasos largos has llegado hasta a mí y me he quedado acorralada entre tu pecho y la pared. Noto el frío de las baldosas pegado a la piel de mis brazos, y tenerte tan cerca me provoca escalofríos. ¿Tienes idea del caos que estás desatando en mi interior?
- Yo ya te he avisado, luego no quiero quejas. - sonríes a escasos centímetros de mi boca, con esos labios que me parecen tan tremendamente apetecibles.
- ¿Te estás echando para atrás, valiente?
Tu risa vibra en mis labios, y sigues allí, cerca de mí pero aún demasiado lejos. Tiemblo tanto que estoy segura de que los vecinos pueden notarlo. Pegas tu boca a la mía y se me escapa un suspiro. Y nos aventuramos en esa batalla de besos en la que los dos ganamos.
[si vas a morderme así,
hazlo s.i.e.m.p.r.e que quieras]
hazlo s.i.e.m.p.r.e que quieras]